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Aprende

Guía de extractos

Un extracto no se define por el nombre de la planta. Se define por cinco datos que tienen que ir juntos, y por un método de ensayo que decide qué significa el número. Esta guía recorre esos datos en el orden en que hay que fijarlos.

Qué estás comprando exactamente

«Extracto de cúrcuma» no es una especificación: es una familia de productos que pueden diferenciarse en un factor de treinta. Para que dos personas hablen del mismo material hacen falta cinco datos, siempre los cinco.

Nombre binomial de la planta —Curcuma longa, no «cúrcuma»—, parte usada, marcador analítico, porcentaje de ese marcador y método con el que se mide. Cambia cualquiera de los cinco y cambia el material, el precio y muchas veces también lo que puedes declarar en la etiqueta.

La parte usada se olvida más de lo que parece, y no es un detalle: la raíz, la hoja y el fruto de la misma especie tienen perfiles distintos. Un extracto de hoja de hiedra y uno de tallo no son sustituibles aunque la planta sea la misma.

Ratio o estandarizado

Hay dos maneras de declarar la concentración de un extracto, y sirven para cosas distintas.

El ratio —4:1, 10:1— dice cuántos kilos de planta seca hicieron falta por kilo de extracto. Describe el proceso, no el resultado: un 10:1 de una cosecha pobre puede tener menos activo que un 4:1 de una buena. Es la forma tradicional y sigue siendo válida cuando lo que se busca es el perfil completo de la planta.

El estandarizado fija el destino en lugar del camino: 95 % de curcuminoides, 50 % de EGCG, 80 % de silimarina. El lote se ajusta hasta esa cifra, se mide y se certifica. Es lo que hace falta cuando la etiqueta declara una cantidad de activo, cuando la dosis tiene que caber en una cápsula o cuando el producto se registra ante una autoridad sanitaria.

Si tu formulación declara miligramos de un compuesto, necesitas estandarizado. Un ratio no te permite calcular esa cifra.

El método de ensayo cambia el número

Este es el punto donde más dinero se pierde comparando ofertas, porque dos números correctos pueden no ser comparables.

El cardo mariano lo ilustra bien: la misma referencia puede declararse como 80 % de silimarina por UV-VIS o como 30 % de silibina por HPLC. Los dos valores son ciertos y describen el mismo material. El UV mide un conjunto de compuestos que absorben en la misma región; el HPLC separa y cuantifica uno concreto. Un proveedor que ofrece «80 %» y otro que ofrece «30 %» pueden estar vendiendo exactamente lo mismo.

Por eso el porcentaje no se acepta nunca solo. Va siempre acompañado del método, y cuando se comparan dos ofertas, lo primero es llevarlas al mismo método. Si uno de los dos no lo declara, no hay comparación posible: hay una suposición.

Solvente y residuos

Qué solvente se usó decide qué se llevó consigo y qué controles hay que exigir después.

El agua y el etanol son solventes de clase 3 en la clasificación ICH: baja toxicidad, límites amplios y aceptados en prácticamente todos los mercados. La acetona, el metanol y el hexano son clase 2, con límites estrictos, y su presencia obliga a un análisis de solvente residual en cada lote.

El CO2 supercrítico no deja residuo —se evapora— y da extractos limpios de fracción lipídica, pero no arrastra bien los compuestos polares: para polifenoles hidrosolubles no es la técnica.

Pide siempre la declaración de solventes residuales del lote, no la del proceso. El proceso describe la intención; el lote describe lo que llegó.

Soporte, solubilidad y formato

Casi ningún extracto en polvo es cien por cien extracto. La fracción activa se seca sobre un soporte —maltodextrina, goma arábiga, dióxido de silicio, a veces la propia planta molida— que le da fluidez, estabilidad y capacidad de secado.

El soporte no es relleno oculto: va declarado en la ficha y hay que contarlo. Afecta al peso de la cápsula, a la carga de carbohidratos y, en algunos mercados, a lo que aparece en la lista de ingredientes.

La solubilidad es el otro dato que decide si una fórmula funciona. Un extracto liposoluble en una bebida transparente enturbia el producto por muy buena que sea la especificación. Existen grados hidrosolubles justamente para eso, y suelen tener menos porcentaje de marcador: parte del peso es lo que los hace solubles.

La documentación mínima

Cuatro documentos. Si falta alguno, falta información que tarde o temprano te van a pedir a ti.

Ficha técnica con la especificación completa y sus límites. Certificado de análisis del lote concreto que recibes, con los resultados reales y no con los límites copiados. Hoja de seguridad. Y declaración de solventes residuales, alérgenos, OGM y origen.

El certificado de análisis es el que más se falsifica y el más fácil de verificar: tiene que llevar número de lote, fecha de análisis, métodos y resultados numéricos. Un certificado que repite los límites de la ficha en la columna de resultados no es un certificado, es una portada.

Cómo comparar dos ofertas que parecen iguales

  • Normaliza el método: lleva los dos porcentajes al mismo ensayo antes de mirar el precio.
  • Comprueba que el marcador es el mismo compuesto, no uno de la misma familia.
  • Descuenta el soporte: compara fracción activa contra fracción activa.
  • Calcula el costo por kilo de marcador, no por kilo de extracto. Es el único número comparable.
  • Verifica que el certificado de análisis es del lote que te van a servir.
  • Contrasta la solubilidad contra tu formato real, no contra la ficha.
  • Pregunta por la variación entre lotes de los últimos doce meses. La media importa menos que la dispersión.

Esta guía describe cómo trabajamos y cómo leemos una especificación. No sustituye a la normativa del mercado donde vayas a registrar el producto, que manda siempre.

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